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Isotypo de Gerd Arntz. (www.gerdarntz.org) |
Otra de las
convicciones pasajeras que en la actualidad profeso es que el mejor modo de
conocer algo es hacerlo de forma indirecta. Cuando me pregunté, por ejemplo,
cuál es la diferencia específica entre los celos y la envidia, no encontré una
respuesta satisfactoria en libros de psicología, sociología o filosofía que
consulté. Inesperadamente, me topé con ella en un libro de reglas monásticas
escrito por un monje cartujano en el siglo XII.
Este, obviamente, es
una caso un tanto extremo. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que
puntos de vistas alternativos evidencian aspectos del objeto de estudio que
suelen pasar desapercibidos en las aproximaciones ortodoxas. Con mis alumnos de
ilustración he descubierto que para explicarles nociones como la secuencia, la
elipsis, la sintaxis narrativa o la consideración del destinatario en el
libro-álbum resulta más claro hacerlo analizando libros de recetas que si
empleo libros infantiles.
¿Qué nos puede decir
el viejo género del almanaque acerca de la infancia, de cómo explicarle cosas a
los niños, de nuestro tarea como creadores? Esta será una de las preguntas que
orienta el curso Explicárselo, explicárnoslo. El placer de preguntarse,
el sentido de comprender (más información, aquí)
y, antes, fue el interrogante que encausó la correspondencia que mantuvimos
Grassa Toro y yo mientras formulamos el curso. A continuación recojo las cartas
que siguieron a las incluidas en el post pasado.
***
De:
Grassa Toro
Asunto:
Acerca del anonimato
Fecha:
5 de febrero de 2013 09:25:36 GMT+01:00
Para:
Gustavo Puerta Leisse
Docto,
el
anonimato del almanaque refuerza la idea de certeza.
Lo
que firma alguien puede resultar ser verdad o mentira; acierto o error. Lo que
aparece escrito sin que nadie lo firme cobra ante el lector la fuerza de lo que
se escribe a sí mismo porque no puede ser de otra manera.
Hasta
que aparecieron los horóscopos de autor en los periódicos, esta sección era
anónima. ¿Cómo puedo fiarme del horóscopo que escribe Pepito Grillo? ¿Por qué
tiene que escribirlo alguien? ¿Es que el horóscopo no está ya escrito y lo
único que tenemos que hacer es leerlo?
Los
almanaques los escriben la naturaleza, la memoria colectiva, los santos, dios.
El ser humano sólo puede (y tiene que) leerlos.
a
cinco de enero de 2013, día de Santa Águeda en el calendario cristiano. Tetas
rodaron por el suelo, y no sólo una vez.
suyo,
Grassa
Toro
***
De:
Gustavo Puerta Leisse
Asunto:
Sobre la escritura de almanaques.
Fecha:
5 de febrero de 2013 21:29:44 GMT+01:00
Para:
Grassa Toro
Rector:
En
Portugal se publica el almanaque Borda d'Agua. Sigue imprimiéndose en una
imprenta tradicional y, en buena medida, conserva esa rusticidad que recuerda
al grabado. Me gusta la incursión de seres caricaturescos o droláticos entre
sus páginas, tan próximos ellos al mundo del Auca. Dan un poco la sensación de
la incursión de lo fantástico en la realidad. En este sentido, distan mucho del
Zaragozano, tan contrarreformista él, y de todos aquellos que proliferaron en
Latinoamérica con un tufillo didáctico muy positivista.
Lo
que pensaba mientras leía su correo es que si bien es cierto que el almanaque
tal como lo conocemos es un hijo de la imprenta y, en consecuencia, de la
cultura escrita, en muchas ocasiones parece que busca presentarse como un
reducto de un mundo oral, tradicional, colectivo... regido por el ciclo de las
estaciones, los astros y los santos.
Hay
mucho de ilusión, en el almanaque. Y casi que podría decirse que hay una, o
varias, poéticas del almanaque. En este sentido, querido amigo, le quería
preguntar cómo han de escribirse. Que reglas y/o constricciones se impondría
Ud. en esta tarea. ¿El microrrelato es una género almanaquil?
siempre
suyo,
Gustavo
***
De:
Grassa Toro
Asunto:
Re: Sobre la escritura de almanaques.
Fecha:
6 de febrero de 2013 09:34:01 GMT+01:00
Para:
Gustavo
Puerta Leisse
Docto,
El
almanaque es oral en la medida en que pretende ser la voz común, la voz del
pueblo, que siempre será oral (aunque se escriba).
Unido
al paso del tiempo, unido sobre todo a la variedad (las estaciones) dentro de
la regularidad (el calendario anual siempre repetido), no tiene sentido en los
países tropicales que desconocen el ritmo de la tierra y, probablemente, esos
almanaques latinoamericanos que usted cita didácticos y positivistas, sean
copias superficiales, puramente formales y, por tanto, faltas de enjundia.
Para
evitar semejantes desvíos, antes de empezar a pensar qué formas de escritura le
son propias y propicias, deberíamos ser intransigentes en cuanto a su
fundamento: el almanaque tiene que resultar útil a quien lo posee (y ojalá,
útil a la comunidad). Pondremos a prueba esa utilidad si una vez impreso lo
consultamos diariamente, volvemos una y otra vez sobre él. Respetar el
principio de utilidad nos permitirá partir de una atribución de sentido, y eso
siempre sale a cuenta.
Un
almanaque real, no una forma almanaque.
Y
ahora sí: qué escribir.
Hasta
donde conozco el género, entiendo que no hay que escribir nada, o muy poco, si
acaso: reescribir. El almanaque resulta de la selección de textos (orales o
escritos) que nos preceden. Cabe copiarlos o reescribirlos.
En
el límite, la selección sería la escritura: renunciar (al resto de textos que
no aparecerán) y ordenar (a lo largo del año, que es el libro).
Es
seis de febrero, la Agencia estatal de meteorología había anunciado nieve sobre
mi cabeza; luce el sol.
Suyo,
Grassa
Toro
(Seguirá)
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