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miércoles, 27 de noviembre de 2013

De la tarea al libro: Recuerdos en el paladar

Libro Recuerdos en el paladar

Es significativo que las asignaciones que los estudiantes deben realizar en casa se llamen «deberes» o «tareas». Ambos términos implican tanto la obligatoriedad de la actividad, el trabajo estipulado externamente, así como el esfuerzo que requiere su realización. Así, parece que el deber se contrapone a lo que deseamos, a lo que nos resulta placentero y por eso es que, desde la escuela hasta la universidad, asumimos que las tareas son  “algo que hay que hacer”; así, sin más, porque nos los mandan y porque debemos obedecer.
Poco importa que tales asignaciones tengan poco o ningún sentido para nosotros, que repercutan poco o nada en un aprendizaje real, que sean motivo habitual de conflictos familiares, frustración y sensación de alienación y que detrás de ellos se refuercen estructuras de poder y de sumisión acrítica.
De joven detesté los deberes y cuando comencé a dar clases se convirtieron en un verdadero motivo de conflicto. He pasado por muchas etapas y, por fin, creo que los deberes tienen su lugar en mi práctica pedagógica. 
A la hora de concebir una tarea parto de la identificación del deber y el juego. Para mí siempre tienen que constituir una actividad libre en la que los participantes asumen voluntariamente una serie de reglas y cuyo objetivo principal es la exploración, la interacción y el placer.
Este es un ejemplo de una tarea que les propuse a mis alumnos del Máster en álbum infantil ilustrado:
“Querido” alumno:
He pensado que sería bueno para su formación que traiga hecho el siguiente ejercicio para la próxima clase:
Ilustrar una receta
Instrucciones:
1)     Sólo puede utilizar los tres lápices de colores que usted elija (faber castell o equivalente) + lápiz normal.
2)     Cada uno de ustedes, en secreto y sin decírselo a nadie, ilustrará su receta, escogida libremente y sin ningún tipo de constricción (salvo los colores). Dispone de una o más páginas formato DIN3 (ya ven, hay otra constricción). Siempre abarcando toda la hoja y trabajando en formato apaisado (cada vez se van añadiendo nuevas constricciones). Antes de venir a la clase debe meter estas páginas en un sobre que cerrará (preferiblemente con un sello lacado) y en el que no indicará su nombre. Los alumnos de formato on-line podrán enviarlo vía correo electrónico a Elisa, de modo que no sepa de quién es cada trabajo.
3)     Cada uno de ustedes, en secreto y sin decírselo a nadie, escribirá un texto entre 1200 y 2000 caracteres (espacios incluidos), en el que explique el motivo que le llevó a seleccionar esa receta, el significado que este plato tiene para usted, etc. Antes de venir a la clase debe meter este texto en un sobre que cerrará (preferiblemente con un sello lacado) y en el que indicará su nombre en letras mayúsculas y legibles. Los alumnos de formato on-line por favor háganselo llegar vía mail a Elisa, para que ella tenga todo el material.
4)     Aquellos alumnos que quieran disfrutar de un trato preferencial por parte del profesor, y presumiblemente de parte de la organización del Máster, pueden elaborar el plato en cuestión para ser degustado y sometido a la crítica, siempre y cuando consigan transportarlo en un recipiente que oculte su contenido a la mirada fisgona de sus compañeros de clase.
5)    Espero que todo haya quedado muy claro y que no tenga nada que explicar. Si hay algo que no entiende, vuelva a leer las instrucciones. Si persiste en la duda, y no tiene reparo en asumirlo ni siente vergüenza en molestar al profesor, puede contactarme vía plataforma (que si la pregunta es pertinente le responderé).
Atentamente,
Don Gustavo Puerta Leisse

Ilustrar una receta puede ser en sí un ejercicio bonito, con resultados igualmente atractivos. Sin embargo, a mí como profesor me interesaba recalcar tres cosas. En primer lugar, una receta ilustrada tiene aspectos formales semejantes al libro álbum, como lo son la relación texto imagen, la secuencia, la elipsis, la unidad de sentido, la importancia narrativa del formato... En segundo término, cuando tenemos que explicarle a alguien cómo cocinar algo es necesario tener en cuenta al  interlocutor. En este sentido, asumimos de un modo u otro la figura de nuestro destinatario. Por último, también me interesaba ver qué alumnos y cómo conectaban con sus recuerdos de infancia a la hora de seleccionar su receta. 
Así, con este ejercicio pudimos aproximarnos indirectamente a tres rasgos que considero fundamentales en un libro-álbum: el dominio de un lenguaje, la consideración del interlocución y el tener algo propio que contar. Así como evaluar fallos y problemas en alguno de estos ámbitos. En particular, pudimos comprobar cómo los textos conseguían transmitir experiencias e impresiones que no se representaban en las ilustraciones. Ello nos llevó a reflexionar acerca de nuestro trabajo como ilustradores y a desarrollar una nueva tarea.
El resultado de ambos ejercicios fue verdaderamente interesante y pronto surgió el proyecto de convertirlo en libro. Llevar a cabo esta nueva tarea, supuso en sí mismo otro enriquecedor proceso de aprendizaje. Ha pasado un año desde entonces y gracias a la perseverancia de Ana Delgado y Andrea Sanz el proyecto Hasta en la cocina sigue vivo y pronto se autoeditará en un libro que reúne los quince recetas-narraciones-ilustradores. Su financiación depende de nosotros. Apóyalo en Verkami y disfruta de esta obra colectiva.
Libro Recuerdos en el paladar

viernes, 18 de octubre de 2013

Narrar la infancia: los niños salvajes


Cuando me planteé cómo comenzar las sesiones del seminario Narrar la infancia, narrar desde la infancia tuve la intuición de que la figura del niño salvaje podría ser un buen punto de partida. El niño bravío de l’Aveyron, por ejemplo, ha sido objeto y protagonista de múltiples narraciones que se sitúan en géneros harto distintos, que van desde la memoria e informe de Jean Itard, pasando por la recreación literaria de T. C. Boyle o la película de  François Truffaut. Además, este caso nos permitía leer desde el contraste el Discurso de la desigualdad de los hombres de Rousseau, ahondar en la influencia de Itard en Montessori o acercarnos a Kipling y su Libro de la selva.
Ya desde la primera sesión advertimos que había más que eso. Buena parte del discurso sobre la infancia parte de una perspectiva que ve en el niño “el adulto del mañana”. Nosotros, en cambio, al considerar al niño salvaje nos interesábamos por “el adulto que no será”. Esta aproximación nos llevó a adentrarnos en la idea de naturaleza humana, en reparar en cuán presente e interiorizada está en nosotros la noción del buen salvaje, en tomar conciencia de que en el hombre no existe algo así como una animalidad previa a la cultura, en cuestionar los ideales románticos de regreso a la naturaleza, tan extendidos en la actualidad en modelos de crianza y educación alternativa.
También fue apasionante leer El libro de la selva, descubrir cómo Kipling nos introduce en un universo fantástico que conecta con nuestra realidad al tiempo que la critica, analizar el programa pedagógico de Baloo y la compleja iniciación del cachorro humano en los dominios de la Ley de la Selva, concluir cómo Mowgli puede permitirle al lector infantil tomar conciencia de una infancia potencialmente diferente y, en definitiva, disfrutar de una literatura infantil que por contraste muestra las limitaciones y carencias de la oferta literaria actual.
El próximo martes 29 de octubre retomamos el seminario Narrar la infancia, narrar desde la infancia. Hay algunas plazas para quienes estén interesados. Si así fuera, no dejes de contactarme.

sábado, 30 de marzo de 2013

A los 17 una revista lo llevó a la Bauhaus


© Werner David Fleist
Leo My Years at the Bauhaus de Werner David Feist (Berlín: Bauhaus Archiv, 2012). Valioso testimonio de la escuela de Dessau, apasionantes los retratos de Albers, Klee, Kandinsky, inspiradoras las propuestas pedagógico-experimentales de estos maestros...
Feist inicia el relato contando la conmoción que experimentó cuando él, un judío pequeño burgués de 17 años apático y desmotivado, ingresa en la aún entonces desconocida escuela.
Llama la atención que tuvo noticia de ella gracias al monográfico dedicado en una revista para jóvenes llamada Junge Menschen. Era el año 1924 y esta publicación, cito y traduzco libremente,
Era, en su forma y contenido de alta calidad y buen gusto, de centro izquierda y dedicaba sus páginas a todos los movimientos reformistas paralelos del momento: los nuevos enfoques para la educación, la apertura sexual, las nuevas ideas en las ciencias sociales y los nuevos movimientos en las artes y la literatura. Junge Menschen también compartía con todos los estratos de la juventud contemporánea un odio por lo 'kitsch', esta intraducible palabra que significa falto de gusto, vulgar, sin base, comercialmente barato, en lo referente a las artes y oficios.
Valioso ejemplo de cómo se planteó una nueva literatura juvenil para una nueva sociedad, de la calidad y seriedad del proyecto y de su impacto en la vida de lectores particulares y su incidencia en la cultura posterios. Suena tan lejano, desgraciadamente.

sábado, 9 de marzo de 2013

Almanaque. (y III)






















 El curso ya ha comenzado. La correspondencia cede el paso al encuentro. La palabra escrita a la conversación y al intercambio. Nuestro objetivo será volver al papel, recuperar la idea de corresponder, comunicar, comprender. Explicárselo, explicárnoslo.
Publicamos las últimas cartas previas. El lector advertirá que están inacabadas. No podía ser de otra manera. 
 
***
De: Gustavo Puerta Leisse
Asunto: Almanaques con firma
Fecha: 8 de febrero de 2013 12:45:26 GMT+01:00

Rector, rector.
Recuerde que el almanaque por excelencia, el de los Maya, se elaboró en la muy tropical península de Yucatán. Donde, claro está, la primavera y el otoño brillan por su ausencia y las nociones de verano e invierno son radicalmente distintas a las europeas. Y digo almanaque, que no calendario, por el valor añadido de informaciones e historias de todo tipo que superan el mero registro temporal.
Sin embargo, recupero de su correo un par de ideas: 1) el almanaque es un género didáctico (y habrá que preguntarse qué entiende uno por didáctico) y 2) sospecho que más que de la utilidad, el principio que dota de sentido al almanaque es el provecho (y aquí vale la pena distinguir un término de otro, entre una actitud de otra). Sólo frase al aire: la utilidad es al provecho, lo que la ingeniería es a la sabiduría.
Uno de los aspectos que más me sorprendieron cuando comencé a estudiar las vanguardias históricas, y aún me sigue apasionando, es su interés por la tradición y la cultura popular. Contrariamente a lo que muchas veces se piensa, en la mayoría de los casos no se trató de una actitud de borrón y cuenta nueva sino hubo toda una tarea de (re)construcción de un pasado y asimilación de temas, motivos y géneros tradicionales. Como Ud. bien sabe, tanto el almanaque como el calendario no fueron una excepción. Tendrá en mente a Alfred Jarry pero también está el Almanaque del grupo Jinete azul, el promovido por el ornitólogo, matemático y futuristal Velimir Khlebnikov (que me pongo a investigar sobre él) o ese otro con el que también me he topado: Almanaque literario 1935. Del que el librero pide 600€ y describe así:
Madrid, Editorial Plutarco, 1935, 16x22, 288 pp (OJO: faltan las 6 últimas hojas). manchita en esquina de 7 primeras hojas. Encuadernado en holandesa piel con nervios, tejuelos, hierros en lomera, no conserva cubierta. Todos los trabajos del almanaque son originales y escritos expresamente para éste. Textos de Ramón Gómez de la Serna, Guillermo de Torre, Juan Chabás, Max Aub, Francisco Ayala, Manuel Abril, María Zambrano, Antonio Espina, Bergamín, Domenchina, Borges, Benjamín Jarnes, Rivas Cherif, etc. Poemas inéditos de García Lorca: Gacela del mercado matutino, Gacela del amor con cien años, Casida de la mujer tendida, Casida de la muerte clara (Gacela de la huida). Ilustrado por Norah Borges, Angel Ferrant, Maruja Mallo, Santa Cruz y Vázquez Díaz. La mayor parte de los textos no han sido recogidos en parte alguna. Este almanaque constituye un documento fundamental sobre el estado de la vanguardia española en vísperas de la Guerra Civil.
Pensando en esta nueva dirección, le planteo el problema de la poética del almanaque de autor. ¿Qué puede aportar la apropiación de este género?, ¿qué parámetros hemos de plantearnos en semejante empresa?
Hoy es 8 de febrero día en que impactó en Pueblito de Allende un meteorito del que todavía, 43 años después, se busca un trocito.

***
De:Grassa Toro
Asunto: Re: Almanaques con firma
Fecha: 8 de febrero de 2013 18:55:38 GMT+01:00

Docto,
no acierto a diferenciar entre utilidad y provecho. A propósito de diferencias, caigo en la cuenta de que no aún no hemos convocado el humor ni el umor. Leopoldo María Panero cita el umor sin h de Vaché dos o tres veces a lo largo de la película El Desencanto. Un autor, si es por eso por lo que me pregunta, puede escribir con umor. En un almanaque caben los dos.
Un autor, si es por eso por lo que me pregunta, siempre aporta lo mismo: la fragmentación de un universo, el pedacito de tarta que no se atraganta. Un autor es un recortador, un perfilador, un reductor de cabezas, un jíbaro, un tipo empeñado en volver finito lo infinito. No crea que la acumulación de palabras tan desairadas implica un juicio negativo, estoy tratando de responderle analíticamente, si es por eso por lo que me pregunta.
Hemos avanzado, elegida la forma, el almanaque, quedamos a solas con la pregunta: ¿qué quiero contar? No sé si la respuesta, sea la que sea, tiene categoría de poética, a veces creo que sí.
No se le ocurra gastarse 600 euros en la reliquia; piense que cualquiera de esos autores mencionados en la ficha del tendero, si tuvieran 600 euros, estarían imprimiendo un nuevo almanaque (o de juerga).
El calendario pataphysico celebra hoy, 14 gueules 140, la Natividad de San Julio Verne, viajero sin moverse de casa. Un modelo (ahí tiene otra diferencia ¿modelos o ejemplos para nuestros almanaques?

Suyo,
Grassa Toro
 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Almanaque. (II)

Isotypo de Gerd Arntz. (www.gerdarntz.org)
 Otra de las convicciones pasajeras que en la actualidad profeso es que el mejor modo de conocer algo es hacerlo de forma indirecta. Cuando me pregunté, por ejemplo, cuál es la diferencia específica entre los celos y la envidia, no encontré una respuesta satisfactoria en libros de psicología, sociología o filosofía que consulté. Inesperadamente, me topé con ella en un libro de reglas monásticas escrito por un monje cartujano en el siglo XII.
Este, obviamente, es una caso un tanto extremo. Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que puntos de vistas alternativos evidencian aspectos del objeto de estudio que suelen pasar desapercibidos en las aproximaciones ortodoxas. Con mis alumnos de ilustración he descubierto que para explicarles nociones como la secuencia, la elipsis, la sintaxis narrativa o la consideración del destinatario en el libro-álbum resulta más claro hacerlo analizando libros de recetas que si empleo libros infantiles.
¿Qué nos puede decir el viejo género del almanaque acerca de la infancia, de cómo explicarle cosas a los niños, de nuestro tarea como creadores? Esta será una de las preguntas que orienta el curso Explicárselo, explicárnoslo. El placer de preguntarse, el sentido de comprender (más información, aquí) y, antes, fue el interrogante que encausó la correspondencia que mantuvimos Grassa Toro y yo mientras formulamos el curso. A continuación recojo las cartas que siguieron a las incluidas en el post pasado.

***
De: Grassa Toro
Asunto: Acerca del anonimato
Fecha: 5 de febrero de 2013 09:25:36 GMT+01:00
Para: Gustavo Puerta Leisse

Docto,
el anonimato del almanaque refuerza la idea de certeza.
Lo que firma alguien puede resultar ser verdad o mentira; acierto o error. Lo que aparece escrito sin que nadie lo firme cobra ante el lector la fuerza de lo que se escribe a sí mismo porque no puede ser de otra manera.
Hasta que aparecieron los horóscopos de autor en los periódicos, esta sección era anónima. ¿Cómo puedo fiarme del horóscopo que escribe Pepito Grillo? ¿Por qué tiene que escribirlo alguien? ¿Es que el horóscopo no está ya escrito y lo único que tenemos que hacer es leerlo?
Los almanaques los escriben la naturaleza, la memoria colectiva, los santos, dios. El ser humano sólo puede (y tiene que) leerlos.
a cinco de enero de 2013, día de Santa Águeda en el calendario cristiano. Tetas rodaron por el suelo, y no sólo una vez.
suyo,
Grassa Toro

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De: Gustavo Puerta Leisse
Asunto: Sobre la escritura de almanaques.
Fecha: 5 de febrero de 2013 21:29:44 GMT+01:00

Rector:
En Portugal se publica el almanaque Borda d'Agua. Sigue imprimiéndose en una imprenta tradicional y, en buena medida, conserva esa rusticidad que recuerda al grabado. Me gusta la incursión de seres caricaturescos o droláticos entre sus páginas, tan próximos ellos al mundo del Auca. Dan un poco la sensación de la incursión de lo fantástico en la realidad. En este sentido, distan mucho del Zaragozano, tan contrarreformista él, y de todos aquellos que proliferaron en Latinoamérica con un tufillo didáctico muy positivista.
Lo que pensaba mientras leía su correo es que si bien es cierto que el almanaque tal como lo conocemos es un hijo de la imprenta y, en consecuencia, de la cultura escrita, en muchas ocasiones parece que busca presentarse como un reducto de un mundo oral, tradicional, colectivo... regido por el ciclo de las estaciones, los astros y los santos.
Hay mucho de ilusión, en el almanaque. Y casi que podría decirse que hay una, o varias, poéticas del almanaque. En este sentido, querido amigo, le quería preguntar cómo han de escribirse. Que reglas y/o constricciones se impondría Ud. en esta tarea. ¿El microrrelato es una género almanaquil?
siempre suyo,
Gustavo

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De: Grassa Toro
Asunto: Re: Sobre la escritura de almanaques.
Fecha: 6 de febrero de 2013 09:34:01 GMT+01:00

Docto,
El almanaque es oral en la medida en que pretende ser la voz común, la voz del pueblo, que siempre será oral (aunque se escriba).
Unido al paso del tiempo, unido sobre todo a la variedad (las estaciones) dentro de la regularidad (el calendario anual siempre repetido), no tiene sentido en los países tropicales que desconocen el ritmo de la tierra y, probablemente, esos almanaques latinoamericanos que usted cita didácticos y positivistas, sean copias superficiales, puramente formales y, por tanto, faltas de enjundia.
Para evitar semejantes desvíos, antes de empezar a pensar qué formas de escritura le son propias y propicias, deberíamos ser intransigentes en cuanto a su fundamento: el almanaque tiene que resultar útil a quien lo posee (y ojalá, útil a la comunidad). Pondremos a prueba esa utilidad si una vez impreso lo consultamos diariamente, volvemos una y otra vez sobre él. Respetar el principio de utilidad nos permitirá partir de una atribución de sentido, y eso siempre sale a cuenta.
Un almanaque real, no una forma almanaque.
Y ahora sí: qué escribir.
Hasta donde conozco el género, entiendo que no hay que escribir nada, o muy poco, si acaso: reescribir. El almanaque resulta de la selección de textos (orales o escritos) que nos preceden. Cabe copiarlos o reescribirlos.
En el límite, la selección sería la escritura: renunciar (al resto de textos que no aparecerán) y ordenar (a lo largo del año, que es el libro).
Es seis de febrero, la Agencia estatal de meteorología había anunciado nieve sobre mi cabeza; luce el sol.
Suyo,
Grassa Toro

jueves, 28 de febrero de 2013

Si una serpiente se muerde la lengua...

Ilustración de Elena Odriozola

Todo comenzó con una pregunta: «Si una serpiente se muerde la lengua, ¿muere envenenada?» La formuló un niño de seis años y su maestra se limitó a decir: “¡Hay que ver lo que preguntan los niños! Nunca he estado más de acuerdo con un maestro. Lástima que el sentido que ella le atribuía a la frase era prácticamente el contrario que yo le daba.
Durante un año estuve trabajando con los alumnos de un instituto para darle respuesta. Ese fue el principio de una investigación y un proyecto pedagógico que nos cambió profundamente a quienes participamos en él. No creo exagerar cuando afirmo que me hizo ver desde otra perspectiva la literatura infantil, la educación y la infancia. Pues no sólo me descubrió temas, libros, autores y editoriales que hasta entonces desconocía sino que me llevó a reparar, entre otras cosas, en cómo la explicación también es una forma de narración; en adquirir la convicción de que: «No puede saber escribir quien no sabe explicar»; o a estudiar las estrategias retóricas propias de la explicación.
El monográfico Pelusas en el ombligo para Educación y biblioteca [lo puedes descargar aquí] me permitió ponerme en contacto con buena parte de los mejores creadores que se están dedicando a explicarle cosas a los niños y jóvenes en Latinoamérica y España. Fue extraordinaria la experiencia de trabajar en él y me siento muy orgulloso del resultado.
En esta ocasión, no dudé de entrevistar a Grassa Toro [lo puedes descargar aquí] a propósito de su libro Este cuerpo es humano (Barcelona: Thule, 2009), ilustrado por José Luis Cano. Allí se gestó un tema recurrente de nuestras conversaciones, recomendaciones de lecturas y fantasías creativas. Han pasado tres años desde entonces y ha llegado el momento de sintetizar y poner a prueba lo que hemos aprendido. Por eso nos hemos planteamos el taller: Explicárselo, explicárnoslo. El placer de preguntarse, el sentido de comprender. Serán dos fines de semana (9, 10; 16 y 17 de marzo de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00) y una semana de deberes y correspondencia (del 11 al 15 de marzo) destinados a todos aquellos quienes deseen desarrollar destrezas necesarias para explicarle cosas a los niños y aprender y disfrutar mucho en el camino. Lo haremos en Víctimas del Celuloide (c/ Santiago, 8. Madrid). Son 250€ y en el momento que escribo este post sólo quedan diez plazas. Si te interesa, escríbeme: gustavopuerta@gmail.com.
Más información, aquí.