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viernes, 18 de septiembre de 2015

Cuando Walter Benjamin escribía para niños


 
Estudiante y viajante (Paya, 1940)
En su magnífico ensayo El coleccionista apasionado (Barcelona: Anagrama, 2013), Philip Blom siente la necesidad de justificarse en una nota:
Vacilo a la hora de citar a Benjamin y lo hago sólo tras vencer recelos considerables; son tantos los académicos modernos que han considerado necesario ejercer de caníbales de sus escritos en pos de la teoría posmodernista y una jerga interesante, que debería dictarse una moratoria para las citas de Walter Benjamin. Sin embargo, no puede negarse que es uno de los comentaristas más sensibles y perspicaces de esta pasión, y no dejarlo hablar sería una grosera omisión (p. 333).
Comparto los recelos expresados por Blom y me veo en la necesidad de justificar mi interés por ahondar en la relación entre Walter Benjamin y la infancia. Si dirijo mi atención a la obra de este filósofo alemán, no se debe a la necesidad de hallar bases filosóficas que legitimen mis ideas sobre lo que es, o debe ser, la literatura infantil ni tampoco a la pretensión crear un canon alternativo de libros infantiles.
Cuando oriento mis lecturas hacia el pasado, me interesa reparar en direcciones no transitadas, espacios abandonados, casos excepcionales y proyectos que asumieron una actitud crítica frente al estado de cosas, ofreciendo así una respuesta propia a qué hacer, por qué hacerlo y cómo hacerlo.
Walter Benjamin no sólo fue un gran coleccionista y teórico del acto de coleccionar, sino que incluso sus escritos pueden interpretarse como una colección orgánica: un conjunto heteróclito de apuntes, intuiciones, reflexiones, iluminaciones… que suponen criterios de selección y ordenación propios, que unifica objetos extraños entre sí en un todo, que se constituye como una imagen del mundo, de su propietario y de la relación entre éste y aquel. Una colección que quedó irremediablemente incompleta.
Walter Benjamin escribió para la radio programas destinados al público infantil. Los temas que aborda son de por sí muy sugerentes y reflejan su espíritu coleccionador: “La caída de Pompeya y Herculano”, “El terremoto de Lisboa”, “La Bastilla, antigua cárcel del Estado Francés”, “Kaspar Hauser”,  “Los Bootleggers. Contrabandistas de alcohol en Estados Unidos”, “Falsificación de estampillas”, “El incendio del teatro en Cantón”, “Historias verdaderas de perros", entre otros. Esta colección de relatos, anécdotas, citas, voces… constituyen un apasionante punto de partida para reflexionar sobre nuestra mirada adulta que se dirige a la infancia y la mirada infantil que se nutre de nuevas experiencias gracias al narrador adulto.
Retomamos nuestros Seminario Narrar la infancia, narrar desde la infancia centrándonos en la figura de Walter Benjamin. Estás invitados.

Martes 22 y 29 de septiembre, 6 y 13 de octubre
18:00 a 21:00
en c/ Amnistía (Metro Opera), Madrid.
Precio: 120€.
Información e inscripciones:
gustavopuerta@gmail.com

viernes, 18 de octubre de 2013

Narrar la infancia: los niños salvajes


Cuando me planteé cómo comenzar las sesiones del seminario Narrar la infancia, narrar desde la infancia tuve la intuición de que la figura del niño salvaje podría ser un buen punto de partida. El niño bravío de l’Aveyron, por ejemplo, ha sido objeto y protagonista de múltiples narraciones que se sitúan en géneros harto distintos, que van desde la memoria e informe de Jean Itard, pasando por la recreación literaria de T. C. Boyle o la película de  François Truffaut. Además, este caso nos permitía leer desde el contraste el Discurso de la desigualdad de los hombres de Rousseau, ahondar en la influencia de Itard en Montessori o acercarnos a Kipling y su Libro de la selva.
Ya desde la primera sesión advertimos que había más que eso. Buena parte del discurso sobre la infancia parte de una perspectiva que ve en el niño “el adulto del mañana”. Nosotros, en cambio, al considerar al niño salvaje nos interesábamos por “el adulto que no será”. Esta aproximación nos llevó a adentrarnos en la idea de naturaleza humana, en reparar en cuán presente e interiorizada está en nosotros la noción del buen salvaje, en tomar conciencia de que en el hombre no existe algo así como una animalidad previa a la cultura, en cuestionar los ideales románticos de regreso a la naturaleza, tan extendidos en la actualidad en modelos de crianza y educación alternativa.
También fue apasionante leer El libro de la selva, descubrir cómo Kipling nos introduce en un universo fantástico que conecta con nuestra realidad al tiempo que la critica, analizar el programa pedagógico de Baloo y la compleja iniciación del cachorro humano en los dominios de la Ley de la Selva, concluir cómo Mowgli puede permitirle al lector infantil tomar conciencia de una infancia potencialmente diferente y, en definitiva, disfrutar de una literatura infantil que por contraste muestra las limitaciones y carencias de la oferta literaria actual.
El próximo martes 29 de octubre retomamos el seminario Narrar la infancia, narrar desde la infancia. Hay algunas plazas para quienes estén interesados. Si así fuera, no dejes de contactarme.